CUADRO EXPLICATIVO DE LAS DOS TEORÍAS ANTAGÓNICAS SOBRE EL CONTEXTO MUNDIAL: LA BURGUESA NEOCLASICA, MARGINALISTA Y NEOLIBERAL Y LA MARXISTA.


      PRIMERA PARTE: EL CUADRO Y SU EXPLICACIÓN.

      Cuadro

      EXPLICACIÓN DEL CUADRO:

      Cada teoría va seguida de un número con la doble intención de, primero, facilitar su rápida localización en el texto y, segundo, ayudar a seguir la lógica de la línea evolutiva. Ahora bien, no ha dado tiempo para exponer más en detalle cada teoría, sino muy resumidamente. Por ejemplo, no se ha podido extender más la muy importante teoría del imperialismo, como las múltiples precisiones que hay que hacer de sus diversas corrientes por las aportaciones que pueden hacer en la actualidad, así como con la teoría del desarrollo desigual que juega un papel muy esclarecedor en la comprensión del capitalismo contemporáneo. Tampoco ha dado tiempo a precisar más las múltiples matizaciones existentes entre las teorías, como por ejemplo las diferencias en Lenin sobre su aceptación lógicamente marxista de la ley del valor-trabajo pero a la vez la importancia que concede a los monopolios; de igual modo, tampoco decimos nada sobre la teoría del imperio, actualmente en boga, y sus relaciones un tanto peculiares con la teoría de la ley del valor-trabajo mundializada.

      Estas y otras obvias y clamorosas limitaciones de este texto son debidas tanto a sus objetivos inmediatos y directos arriba enunciados como a la ausencia material de tiempo para extendernos en la solución de esas y otras deficiencias. Una laguna especialmente grave es la inexistencia de un apartado sobre las relaciones entre el método dialéctico y el método histórico en el estudio materialista de la teoría político-económica. No es casualidad que desde finales del siglo XIX las críticas al marxismo se dirijan, en síntesis, contra todo lo relacionado con la ley del valor-trabajo, contra todo lo relacionado con la dialéctica y contra todo lo relacionado con la teoría del Estado y de la democracia socialista. Estos tres componente iniciales que formaron una totalidad y que luego se enriquecieron con otros componentes, fueron negados una y otra vez hasta la actualidad. Ningún debate serio entre el marxismo y las corrientes ideológicas burguesas, sean reformistas o ultraconservadoras, ha eludido jamás estas cuestiones capitales, eminentemente prácticas como todo lo que guarda relación con el marxismo.

      Por tanto, cuando una y otra vez a lo largo del texto se cite tanto la teoría de la ley del valor-trabajo como a las teorías burguesas antagónicas, en realidad se está haciendo referencia a la totalidad del cuerpo teórico marxista y a la totalidad del burgués. Solamente cuando se expongan las teorías del centro, las reformistas, y las un poco a la derecha del marxismo y en la parte de arriba, en concreto la (9), la (9-1) y la (11), solamente entonces deberíamos ser más precisos en las cuestiones negadas o criticadas, pero no tenemos tiempo para tanto. La razón de esa exigencia metodológica incumplida estriba en que de un modo u otro esas corrientes han cuestionado total o parcialmente la teoría del valor-trabajo, la dialéctica y la democracia socialista, y o bien las han tergiversado y negado o bien las han "corregido" con ideologías burguesas reformistas o abiertamente reaccionaras, como son los casos de la teoría de la preferencia subjetiva, del neokantismo y mecanicismo y del durkheimianismo y weberianismo. La importancia de este debate se comprende con más facilidad al estudiar la incidencia práctica que han tenido y tienen las ideologías en las opresiones de las mujeres, de las naciones y de las clases trabajadoras.

      Por ejemplo, las mujeres vascas, pieza clave del pueblo trabajador euskaldun, que a su vez es la fuerza consciente emancipadora de Euskal Herria, sufren por ello mismo una triple explotación, opresión y dominación solamente explicable desde una perspectiva científica si con el método marxista enriquecido por las aportaciones feministas, descubrimos el papel de la economía política burguesa en la negación de la explotación sexo-económica de la mujer; el papel de la filosofía idealista, a lo sumo agnóstica, y mecanicista burguesa en la misoginia del sistema de pensamiento patriarcal, y el papel del nacionalismo imperialista sociológico francés de Durkheim y el papel de la sociología imperialista alemana de Weber en la legitimación intelectual de los Estados burgueses francés y español. Si, además, enriquecemos la reflexión sobre este ejemplo añadiendo las críticas ecologistas que tan perfectamente se ensamblan en y son absorbidas por el cuerpo teórico marxista, y estudiamos críticamente cómo la expansión del sistema patriarco-burgués franco-español ha ido unido a la destrucción de las formas sociales de imbricación preindoeuropea de la mujer vasca en una Naturaleza que además ha sido mercantilizada y reducida a simple valor de cambio, si hacemos este quíntuple pero unitario análisis marxista sobre la mujer trabajadora vasca, vemos cómo se relacionan dialécticamente todos los componentes del método marxista --sin citar a otros como la psicología crítica, etc.-- en el análisis concreto de un problema concreto.

      Nos hemos extendido algo en este ejemplo para mostrar cómo, desde la teoría básica marxista, que se enriquece con cada avance humano, no se pueden separar sus diversos componentes, como si fuera una sopa de tropiezos a la que podemos añadirle o quitarle algunos a gusto del consumidor y, sobre todo, del poder opresor existente en cada caso. Esto no niega sino que lo exige, que en cada caso de estudio se deba priorizar el empleo metodológico de tal o cual componente sobre los demás, como es obvio, pero sí exige que inmediatamente después dentro de una simultaneidad sólo rota por la prioridad del tema concreto, apliquemos los demás componentes críticos de la totalidad del problema que estamos estudiando. Por último, sobre todo y lo que es decisivo es que a la hora de la resolución práctica del problema, en ese momento crucial en el que se confirma o se niega la validez del análisis teórico anterior, hay que elaborar una síntesis coherente integradora de todos los componentes internos del marxismo como método y guía de acción revolucionara.

      Hemos colocado en la base del cuadro las tres corrientes teóricas decisivas y básicas, dos de las cuales pertenecen a los intereses de la misma clase, la burguesía, en cualquier debate sobre economía porque sin tenerlas presente no se entiende nada de nada de lo que ocurre en la actualidad, y en la historia del capitalismo. A la derecha está la teoría más reaccionaria de las dos burguesas, y a la izquierda la más revolucionaria, la marxista. En el centro, está la amplia corriente burguesa, reformista y progresista. Conforme una teoría concreta está más a la izquierda es, a nuestro entender, más revolucionaria y también más acertada científicamente. Y cuanto más a la derecha, más reaccionaria y errónea. Naturalmente, en tan poco espacio no se puede precisar casi nada, pero las ideas básicas quedan algo precisadas.

      A la vez, conforme se sube hacia arriba, transcurre el tiempo y complejiza el capitalismo y tiende a aumentar el número de teorías derivadas de las dos básica y antagónicas, que lo combaten o defienden. Las flechas ascendentes muestran las lógicas evolutivas de las teorías anteriores e iniciales a las posteriores. Cuando no existe ninguna línea entre dos teorías es que, a nuestro entender, tampoco existe una continuidad lógica cualitativa entre ellas, pero sí sucede que puede existir entre ellas una continuidad mediante una segunda teoría intermedia; es decir, que la teoría inicial, situada más abajo, ha tenido ciertos cambios más o menos importantes al concretarse en otra teoría posterior, de la cual surge luego una tercera teoría. Cuando las flechas suben en línea recta es que conservan los principios elementales y definitorios de la corriente en la que se inscriben. Y cuando giran hacia la derecha es que van perdiendo ese contenido y van adoptando otros contrarios, que se distancian de las bases decisivas sobre la interpretación del valor, que es el problema esencial y vital. Cuando giran a la izquierda es que van ganando en radicalidad y en capacidad científica.

      Esta afirmación se sustenta en la propia naturaleza de la ley del valor-trabajo y de su función en el modo de producción capitalista. La ley del valor-trabajo hace que el capital fluya de una rama productiva a otra según los intereses particulares de la burguesía, de sus diferentes fracciones, siempre a la búsqueda del máximo beneficio particular pero siempre bajo las presiones de las pérdidas que obtienen en ramas productivas menos rentables. Esta ley demuestra y confirma por tanto la anarquía esencial del capitalismo, anarquía que surge de que si bien cada capitalista busca racionalizar su propio negocio para aumentar su beneficio el choque de todos los capitalistas bajo las presiones de los menores beneficios genera la irracionalidad colectiva. Para salir de este agujero, cada empresario ha de aumentar la explotación de sus trabajadores porque, como muestra la ley del valor-trabajo, sólo en la obtención de plusvalía radica la posibilidad de enriquecimiento de capital. Ello es así porque sólo la fuerza de trabajo humana es capaz de crear bienes nuevos. Y la fuerza de trabajo se divide en trabajo concreto, el que realiza el ser humano en particular, y en trabajo abstracto, que es la cualidad común interna a todo trabajo concreto, al margen de su forma y plasmación exterior.

      Por ejemplo, hay trabajo abstracto acumulado en las pinturas rupestres de Ekain como lo hay también en la fabricación de un tornillo en un taller, o de una escultura trabajada por una prisionera vasca, o en una cocina limpiada por una mujer cuando vuelve de su trabajo asalariado y precarizado en la calle. Los cuatro son trabajos concretos, pero todos ellos tienen en común que son resultado de la aplicación de la fuerza de trabajo humana abstractamente considerada. En el capitalismo esta fuerza de trabajo, esta capacidad humana de crear cosas que tienen un valor interno porque son expresión de un trabajo abstracto, es puesta en funcionamiento por la clase dominante, por la burguesía propietaria de los medios de producción. Al cabo del proceso entero de producción, circulación y venta, y realizadas ya todas las cuentas y los pagos anteriores, al cabo de este proceso, el capitalista ha terminado con más dinero, con más capital, del que tenía cuando comenzó.

      El capitalista ha buscado un negocio rentable, ha calculado los precios anteriores de todo el proceso, ha contratado a obreros y les ha impuesto una disciplina de explotación de su fuerza de trabajo, ha hecho circular en el mercado los bienes producidos hasta venderlos, ha cuantificado las ganancias, ha descontado los costos generales anteriores y ha reservado dinero para volver a empezar el negocio, y entonces, después de todo, cuenta sus ganancias, sus beneficios exclusivos y se siente feliz porque es más rico que antes, porque ha ampliado su capital privado, porque ha acumulado más. Si ve que hay otro negocio más rentable, aunque genere paro y destrucción de la naturaleza, no dudará en abandonar el anterior y en ir al más rentable para él. Si ve que este negocio, o los recursos y materias que necesita, está en otro país, lo invade militarmente, o le impone toda serie de exigencias bajo chantaje y amenaza para que "abra sus fronteras". Si la clase obrera interna y externa, resiste a la explotación, endurecerá las disciplinas, las condiciones de trabajo, empeorará los servicios sociales, hará intervenir al Estado para que reprima y privatice empresas públicas en su beneficio exclusivo, y en el de su clase, etc.

      La ley del valor-trabajo está por debajo de tanta barbarie, alimentándola, impulsándola. Sacarla a la superficie. Descubrir sus terribles efectos sociales y contra la naturaleza, demostrar que mientras esté vigente no puede haber un desarrollo cualitativo y autoconsciente, esta tarea científico-crítica es la condición previa inexcusable para avanzar en la racionalización colectiva de la vida social. Pero ello es inseparable de la simultánea desaparición histórica de la mercancía y del dinero, y sobre todo, de la explotación de la fuerza de trabajo. Descubrir el funcionamiento social de la ley del valor-trabajo es descubrir la necesidad de acabar con el capitalismo. Y ese avance científico-crítico es esencialmente revolucionario, izquierdista. No es entonces nada sorprendente el que la intelectualidad burguesa tenga profundas impotencia racionales e irracionales para avanzar en esa tarea.

      Como vemos en el cuadro, el grueso de los cambios han sido hacia la derecha, es decir, abandonando o debilitando la teoría marxista de la ley del valor-trabajo y aceptando más o menos algunas de las dos teorías burguesas. Y, también, debilitando o abandonando la teoría burguesa del costo de producción para aceptar la más burguesa de preferencia subjetiva, que es la base sobre la que descansa toda la corriente contrarrevolucionaria que va en línea recta ascendente del neoclasicismo a los marginalismo duros y a los diversos neoliberalismos para acabar en la apología criminal de la globalización positiva. Solamente en la segunda mitad del siglo XVIII parte de la intelectualidad burguesa, que no toda, se atrevió a avanzar ligeramente en un estudio más crítico del capitalismo que los anteriores, desarrollando algunas cuestiones importantes que demostraban los límites históricos de este modo de producción. Pero casi al instante, también otra corriente burguesa volvió a girar a la derecha.

      La razón de esta deriva derechista de buena parte de las teorías económicas y de la permanencia de una corriente contrarrevolucionaria actualmente dominante, hay que buscarlas además de en el poder de absorción del sistema capitalista sobre las burocracias políticas, sindicales, culturales e intelectuales universitarios, funcionarios o privados, también en la propia estructura interna de la ideología dominante, la burguesa; y, por último, con más peso de lo que sospechamos, en la permanente presión, censura y hasta represión que el sistema capitalista ejerce implacablemente contra quienes lo estudian críticamente, para sacar a la luz pública las explotaciones sobre las que se asienta. Hay que ponerse en el lugar cotidiano, diario, de trabajo incluso asalariado de decenas de intelectuales, profesores y académicos, para comprender las condiciones y presiones permanentes en las que desarrollan su trabajo intelectual. Pero previamente hay que tener en cuenta que la mayoría provienen de las llamadas "clases medias" incluso de la alta burguesía, pero muy pocos, sólo una muy reducida minoría, de las clases trabajadoras y menos aún del campesinado.

      Desde esta posición crítica previa, debemos comprender cómo funciona en la práctica el sistema educativo capitalista, desde la primera infancia hasta la selectiva y elitista designación de los principales puestos de responsabilidad ideológica y teórico-política. En las páginas siguientes veremos algunos casos significativos de la pertenencia de clase conscientemente asumida de famosos críticos del marxismo. Cuando a esto unimos que es la intelectualidad no sólo de la clase dominante sino también de la nación opresora --cuando existe opresión y explotación nacional-- y, siempre desde que surgen las políticas económicas, del sexo y del género dominante, del hombre en concreto, quedando totalmente excluida y negada la realidad de la explotación sexo-económica de la mujer, entonces, comprendemos el conjunto de intereses conscientes e inconscientes que actúan dentro de la ideología burguesa en general y en concreto de sus interpretaciones económicas. Si además tenemos en cuenta la mercantilización de la Naturaleza y la obsesión consumista inherente al capitalismo, viendo así el problema que tratamos comprendemos aún más lo difícil que resulta separar lo "objetivo" de lo "subjetivo" en estas cuestiones.

      Ninguna teoría económica es "neutral" y "apolítica". Todas ellas son esencialmente políticas y tienen efectos sociales precisos. Otra cosa es que ese contenido sociopolítico sea aireado y reconocido públicamente o negado con insistencia. Conforme más ideológica y menos teórica y científica es una corriente político-económica, más oculta su naturaleza burguesa. Por el contrario, conforme más crítica y válida teóricamente es, más abiertamente reivindica su contenido y sus objetivos sociopolíticos. Esto nos lleva en directo al problema de la "objetividad" del pensamiento humano cuando analiza


      SEGUNDA PARTE: un resumen muy sintético de las dos grandes teorías sobre el problema del valor

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